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La leyenda del callejón de diablo

En cualquier ciudad de México se cuentan historias y leyendas que tienen que ver con sucesos ocurridos en el pasado, mezcladas con tintes románticos y de misterio, lo cual convierte a los lugares que las protagonizan, aún más interesantes y atractivos para visitar.

Nuestro protagonista en esta ocasión es el llamado “Callejón del diablo” ubicado en una de las colonias más antiguas de Cuernavaca: El Miraval. La entrada al callejón es por la calle de Francisco I. Madero y atraviesa la barranca de Amanalco hasta llegar al otro lado, en la avenida José Ma. Morelos.

El recorrido toma unos minutos solamente, a través de una calle estrecha y empedrada de unos 200 metros en total. De día y de noche es el paso de automóviles que toman este atajo para cruzar por el “Puente del diablo” donde el camino es solitario y tranquilo, bordeado por algunas casas y paredes largas, en algunas se ven letreros donde ofrecen lecturas de tarot y otros artilugios. Al inicio del recorrido te puedes encontrar con algún músico de saxofón que te da la bienvenida, y al llegar al puente, notas como los enormes árboles casi abrazan el puente, envolviéndolo con sus ramas y haciendo un techo alrededor, lo cual le da un aspecto aún más tenebroso.

Por las noches es un lugar lúgubre, donde el viento que suele correr por las barrancas, es el culpable de que se escuchen sonidos extraños que provienen de los árboles y sus ramas, además de que en las barrancas los sonidos se magnifican, haciendo de este lugar el digno escenario de una película de terror donde no hay salida, solo hacia atrás o adelante, porque cruzar es prácticamente imposible, pues la barranca tiene más de 20 metros de altura y pasando esto, solo hay bardas infinitas que bordean todo el recorrido. En una de las bardas se puede leer el nombre del callejón; a este puente del siglo XVI se le conocía como “Telpochhuhueco” (el viejo siempre joven) o El puente del Diablo.

Su nombre se le debe a la antigua leyenda que por cierto está documentada en el códice municipal de Cuernavaca de aquel entonces; y para ya entrar en materia, aquí se las vamos a relatar.

La leyenda cuenta que este paraje fue titulado por los lugareños así, dado que en sus adentros debió existir el mismísimo diablo, el cual seguramente ayudó a Hernán Cortés a librarse de la muerte; se dice que Cortés cabalgaba a toda velocidad en su caballo llamado “Rucio”, escapando de los guerreros Tlahuicas que lo perseguían, al llegar, el caballo atravesó la barranca de aproximadamente 5 metross de ancho de un solo salto, no había manera de que el caballo saltará semejante distancia, fue como si al caballo le hubiesen salido alas y por alguna extraña razón salieron ilesos de aquella persecución. 

Lo cierto es que Hernán Cortés mandó construir este puente que es el mismo que se conserva ahora y que forma parte de las leyendas de la ciudad que enriquecen nuestro acervo cultural y turístico.

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